Reseñas

Los socios de la mutual musical de Valparaíso: Acuerdos, conflictos y exclusiones.

By diciembre 15, 2015 No Comments

La Sociedad Musical de Socorros Mutuos de Valparaíso fue fundada el 5 de diciembre de 1893 por cuarenta músicos porteños. Al revisar las actas manuscritas que dan cuenta de las reuniones y asambleas del primer año de vida de esta organización, no es difícil percatarse que fue creciendo día a día, incrementando el número de socios entre sus filas, haciéndole espacio a trabajadores del mundo de la música que buscaban organizarse tanto para obtener la seguridad social que ofrecía esta Sociedad, como para protegerse entre sus pares y luchar por mejores condiciones sociales para los trabajadores chilenos.

Frente a este rápido incremento de socios, nos preguntamos, ¿quiénes integraron la Sociedad Musical de Socorros Mutuos de Valparaíso? En el afán por visibilizar la historia de esta SMSM, y especialmente, en el intento de poner en valor el rol de las personas que forjaron esta organización, nos preguntamos también, ¿cuáles son los nombres de las personas que integraron esta organización en sus primeros años?

En tiempos de hermandad social de los sectores populares en pos de mejoras en las condiciones de vida y de trabajo, ¿a quiénes admitía esta Sociedad como miembros?, ¿cuáles eran los requisitos que se debía cumplir para ser parte de esta mutual?, ¿eran todos los trabajadores del área de la música los que podían asociarse a la SMSM de Valparaíso? ¿Cuál era la situación de hombres y mujeres en esta organización?, ¿y la de los adultos mayores?

En este escrito respondemos estas preguntas en base a la revisión de las actas de las reuniones y asambleas de la SMSM de Valparaíso, escritas por puño y letra de los miembros de esta organización, centrándonos específicamente en su primer año de funcionamiento, desde su fundación a fines de 1893 hasta su aniversario en diciembre de 1894. Esperamos con esto ilustrar las principales problemáticas y discusiones de los socios de esta organización, reflexionar en qué medida la normativa interna de la SMSM de Valparaíso da cuenta de la sociedad de la época, y también exponer cómo los asociados buscaban resolver sus propios conflictos, tanto respetando la ley que los regía –creada por ellos mismos– como discutiendo acerca de la realidad local que les tocó vivir.

¿Quiénes podían ser socios? Requisitos y restricciones

Para saber quiénes podían integrar la SMSM de Valparaíso es necesario revisar la normativa interna que regía a los socios y el funcionamiento de la organización. Esta normativa correspondía a los estatutos que fueron creados, discutidos y aprobados por los propios miembros de esta organización a lo largo de 1894 y buena parte de 1895.

En el artículo primero de los estatutos se establecía que esta Sociedad estaría compuesta de “músicos, aficionados y artistas en el arte de la música, y de todas aquellas personas cuya admisión acordare el Directorio”[1]. El directorio representaba el gobierno de la Sociedad y se constituía de un presidente, un vicepresidente, dos secretarios, un tesorero, un subtesorero y siete directores, quienes serían elegidos en junta general ordinaria “con el voto afirmativo de la mayoría absoluta de los socios activos de la institución”, cuyos cargos tendrían una duración de un año[2].

Pero ¿quiénes eran los socios activos de la institución? Según estipularon los mismos asociados en el artículo cuarto de sus estatutos, la SMSM de Valparaíso reconocía dos clases de socios, los activos y los honorarios. Los primeros “son todos aquellos que contribuyen con su cuota mensual y demás pagos que imponen los Estatutos, acatándolos en todas sus partes”. Por su parte, los socios “serán todos los activos que, habiendo pertenecido seis años sin interrupción a la sociedad sean declarados tales por el Directorio en atención a sus servicios, eximiéndolos del pago de la cuota mensual; y las personas extrañas a la institución que por cualquier circunstancia reciban este título por acuerdo tomado en junta general extraordinaria”[3]. Ser socio honorario era tanto un privilegio −por la eximición del pago de las cuotas mensuales−, como un reconocimiento a la lealtad y trayectoria, de más de seis años de membresía ininterrumpida en la Sociedad.

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Artículo 4° de los Estatutos de la SMSM de Valparaíso, 2 de febrero de 1894. En su Libro de Actas de Reuniones generales desde la Inauguración de la Sociedad un 5 de diciembre de 1983 hasta el 25 de enero de 1904.

Respecto a esto, nos preguntamos ¿qué se requería para ser aceptado como socio de esta organización? Además de lo mencionado en el artículo primero, se requería también que el postulante fuera “patrocinado por un miembro de la sociedad que haya pertenecido a ella a lo menos seis meses; tener domicilio fijo en el departamento a la fecha de su presentación”[4]. Se buscaba que los nuevos socios fueran recomendados por alguien de la institución, que conociera las normativas y objetivos de la organización, pero también conociera suficientemente al postulante para garantizar que fuera una persona idónea para la organización y sus objetivos de ayuda mutua.

Se esperaba que los socios fueran personas activas y comprometidas con la organización, que adscribieran a los valores de la fraternidad, siguieran los objetivos de la asistencia mutua y respetaran a sus pares. Como un ejemplo de los valores fraternos que imperaban en esta organización de ayuda mutua hacemos referencia a la preocupación que generó la inasistencia a una de las reuniones del presidente de la Sociedad, señor Pedro Cesari, por “estar gravemente enfermo”. A raíz de ello, el Vicepresidente, señor Miguel Uriza, “formuló indicación para que se nombrara una comisión para que lo visitara”, la cual fue estuvo integrada por tres socios −Miguel Basulto, Fernando Herrera y Francisco Soto[5]− quienes visitaron al señor Cesari y le transmitieron la preocupación por parte del resto del directorio y demás asociados de la organización.

En el artículo quinto de la ley interna de la institución se establecía también que la solicitud de admisión fuera presentada “por escrito al Presidente expresando en ella el nombre y apellidos paterno y materno del solicitante, su edad, estar, domicilio y lugar de nacimiento”. Esta solicitud debía llevar la firma del aspirante, la del socio patrocinante, y debía ir acompañada del “valor de la cuota incorporativa, a lo menos el de una mensual y otra mortuoria anticipadas y un peso por diploma y estatutos; todo lo cual le será devuelto si el aspirante fuere rechazado”[6].

Como era una sociedad que debía ser mantenida y cuidada por sus propios miembros, la admisión de personas nuevas era uno de los aspectos en que los socios tenían especial cuidado. En el artículo sexto de sus estatutos los socios de esta organización establecieron que en ningún caso podría ser admitido alguien que cumpla con alguna de las siguientes tres condiciones:

“1° La persona que por la justicia ordinaria haya sido castigado con pena aflictiva e infamante; 2° El que tenga contraído el hábito de la embriaguez u otro vicio que sea pernicioso y degradante; y 3° El que padezca de enfermedad crónica contagiosa o incurable”[7].

Es necesario entender estas restricciones en el contexto de la época, pues, aunque suenan bastante discriminadoras, hacen sentido al pensar que gran parte de los recursos económicos de la SMSM de Valparaíso iban dirigidos a cuidar la salud de sus miembros, o bien, a ayudar a la familia de un socio fallecido. Es necesario considerar los motivos económicos que estaban detrás de estas decisiones.

Podemos leer que en el artículo séptimo de los estatutos se explicitaba que una vez que el aspirante era aceptado en la Sociedad, su calidad de socio comenzaba el día siguiente de la admisión[8]. Se establecía también que quienes fueran rechazados como socios, podían ser propuestos otra vez sólo después de tres meses, y en caso de ser rechazados nuevamente no podían ser propuestos por tercera vez[9].

Sin embargo, el ser aceptado como socio no aseguraba la permanencia indefinida en la organización, pues estaba también la posibilidad de perder la membresía a causa de faltar en los pagos correspondientes. En este caso, se establecía en los estatutos que el socio haya “perdido su carácter de tal por falta de pagos podrá reincorporase pagando solo la mitad de la cuota incorporativa, pero sometiéndose en todo caso a los trámites prescritos para la admisión de socios; Si pagare además todas sus cuotas atrasadas no perderá su antigüedad”[10].

Si bien la SMSM de Valparaíso buscaba ampliar la cantidad de miembros en sus filas −cosa que logró durante su primer año de funcionamiento−, también esperaba un comportamiento intachable por parte de cada uno los socios. En este sentido, como se puede leer en la siguiente imagen, en el artículo décimo de los estatutos de la Sociedad se explicitaba que cada socio tenía la obligación de:

“1° Efectuar el pago de sus cuotas con la debida anticipación y exactitud; 2° Aceptar los cargos y comisiones que se les confíe, siempre que para ello no tengan inconvenientes graves, o razones fundadas para escusarse; 3° Desempeñar sus comisiones con prontitud, esmero y diligencia; 4° Formar parte en los conciertos que organice la sociedad y en la misma de honras de cada socio que fallesca, siempre que el Director exija su cooperación, o ésta fuere menester; 5° Respetar los estatutos y reglamentos de la sociedad, y acatar todo acuerdo tomado por el Directorio o en junta general, siempre que para la aprobación se hayan llenado los requisitos legales; y 6° Propender, en fin, por todos los medios posibles al engrandecimiento y adelanto de la institución”[11].

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Artículo 10° de los Estatutos de la SMSM de Valparaíso, 2 de febrero de 1894. En su Libro de Actas de Reuniones generales desde la Inauguración de la Sociedad un 5 de diciembre de 1983 hasta el 25 de enero de 1904.

Con el cumplimiento de estos seis requerimientos se buscaba que los socios de la SMSM de Valparaíso, no sólo mantuvieran cierta disciplina, sino que también se esperaba que fueran personas activas, trabajadoras y colaboradoras para con la organización. Recordemos que este tipo de organizaciones, las mutuales, funcionaban y se mantenían única y exclusivamente, por la participación y compromiso de sus socios. Si ellos no pagaban sus cuotas, la sociedad mutual no recibía ingreso alguno para apoyar a sus miembros; si no ejercían los cargos dispuestos o no desarrollaban las funciones solicitadas, esas tareas quedaban sin hacerse. Fueron los mismos socios quienes diseñaron, discutieron y aprobaron los estatutos de la organización, por lo que respetarlos y cumplirlos era lo mínimo que podían hacer. Al ser una organización de ayuda mutua, eran los mismos socios quienes debían buscar que la SMSM de Valparaíso creciera y se desarrollara como institución.

Nuevos socios: acuerdos y conflictos

Ahora que hemos conocido cuáles eran los requisitos y obligaciones de cada miembro de la Sociedad Musical de Socorros Mutuos de Valparaíso, daremos cuenta de los nuevos socios que se fueron integrando a la institución, así como algunas de las problemáticas con las que se encontraron los asociados durante el primer año de funcionamiento de la organización.

En la Tercera Reunión General de la Sociedad, que se realizó el 7 de enero de 1894, se presentaron los primeros nuevos socios. Éstos serían los primeros socios que pasarían a formar parte de la SMSM de Valparaíso además de los mencionados Socios Fundadores que habían dado vida a esta organización el 5 de diciembre del año anterior. En el acta de esta reunión se señala:

“El señor Vicepresidente presenta a los señores Zenón Rojas, Martín Ravij, Rómulo Figueroa y Carlos Rivas, los cuales desean pertenecer a la sociedad, después de lijeras aclaraciones que dio el Sr. Vice Pte. Fueron aceptados sin condiciones”[12].

Propuestas de Nuevos Socios para la SMSM de Valparaíso en la reunión fundacional del 5 de diciembre de 1893. En su Libro de Actas de Reuniones generales desde la Inauguración de la Sociedad un 5 de diciembre de 1983 hasta el 25 de enero de 1904.

Propuestas de Nuevos Socios para la SMSM de Valparaíso en la reunión fundacional del 5 de diciembre de 1893. En su Libro de Actas de Reuniones generales desde la Inauguración de la Sociedad un 5 de diciembre de 1983 hasta el 25 de enero de 1904.

En esta misma reunión se estableció una comisión calificadora de socios, integrada por los señores Manuel Núñez, Francisco Avendaño, Juan A. Rivas y José Mardones. Se estableció también una comisión calificadora de cuentas, que fue integrada por J. Luis Cáceres y Martin Ravij, quien recién había sido aceptado como socio.

Desde entonces la mayoría de los aspirantes que se presentaron para ser incorporados como socios de la organización fueron aceptados sin mayores problemas. Por ejemplo, en la reunión del 2 de febrero de 1894 se aceptaron a los nuevos socios: Octavio Ley y Guillermo Crane, ambos presentados por el Vicepresidente señor Miguel Urizar; Benito Alarcón que fue presentado por el señor José Mardones; y Manuel Antonio Espinoza, presentado por Evaristo Gómez, quien oficiaba el cargo de tesorero de la Sociedad. Y en la reunión siguiente, del 9 de febrero de 1894, se aceptaron como nuevos socios a los siguientes: Gabriel Juchrinszky, presentado por el Subtesorero Manuel Núñez; Juan de Dios Chandía, Salvador Lilian y Carlos Jarguharson, presentados por el Tesorero Evaristo Gómez; Juan José A. Tapia y Arturo Arizaga, presentados por el Secretario señor Ricardo López Mellafe.

Esta misma reunión se discutió la posibilidad de incorporar como socios a los músicos del Orfeón Municipal de Valparaíso que habían cooperado en el Concierto que había organizado la SMSM de Valparaíso en la ciudad vecina de Viña del Mar con el fin de reunir fondos para la institución. Esta solicitud respondía a una muestra de agradecimiento hacia los músicos que habían ayudado desinteresadamente en este evento. En las minutas manuscritas de esta reunión se detalla lo siguiente:

“el tesorero [Evaristo Gómez] hace presente que en el concierto de Viña del Mar han tomado parte algunos miembros del Orfeón Municipal que no pertenecen a nuestra corporación; y que como una expresión de agradecimiento hacia ellos, propone que sean aceptados como tales socios eliminándolos del pago de su cuota incorporativa. Agrega que él ya se ha puesto al habla con la mayor parte de ellos y están dispuestos a aceptar. Siguióse debate sobre este particular emitiéndose diversas ideas y se acordó por fin que la sociedad nombraría a una comisión que recayó en los señores [Francisco] Soto, [Domingo] Márquez y el tesorero [Evaristo Gómez] para que se apersonaran a las personas a que se ha referido este último y entregan a cada cual el valor de una cuota incorporativa manifestándoles que la sociedad les proporcionaba ese dinero a fin de que el que deseara pertenecer a la corporación pagar su correspondiente cuota incorporativa y el que no que lo conservara para sí”.[13]

En la reunión siguiente, celebrada el 16 de febrero de 1894, se incorporaron como socios los músicos del Orfeón Municipal que habían participado en el último concierto en Viña del Mar, y que aceptaron destinar la remuneración que se les había hecho al pago de su cuota incorporativa. Estos músicos, ahora miembros de la SMSM de Valparaíso, fueron: Santiago Michelle, Viviano Luna, Juan Balteo, Juan Alberto Sandoval, Francisco Libano, Jorje Howler, Bernardino Navarro, Bartolomé Ampuero y Nicasio Zúñiga.

Se proponen también a otras tres personas para incorporarse a la Sociedad, de los cuales sólo es aceptado por unanimidad el profesor de violín don Lucas Acevedo. Las solicitudes de las otras dos personas fueron postergadas por distintos motivos.

La propuesta de incorporación del señor Juan Preggliano se posterga simplemente porque el postulante se ausentó a la reunión. Por ello el directorio decide esperar a que el señor Preggliano se presente en una próxima ocasión para poder tener mayores antecedentes sobre él antes de aceptarlo. Esta decisión parece razonable, puesto que para proteger la sociedad era necesario escoger con cuidado quienes serían sus asociados.

a. Primer conflicto: la situación de las mujeres

Se propone por vez primera en esta Sociedad a una mujer como socia de la organización. Fue el presidente señor Pedro Cesari, quien hizo la solicitud que quedó registrada de la siguiente manera en las minutas manuscritas de esta reunión, junto a la respuesta de los demás socios:

“El señor Presidente, que recién se reincorpora a la sala, propone como socia a la señora Carolina Zúñiga de Vergara, pero no estando aun decidido si podrá admitirse señoras en las sociedad, quedó la propuesta para segunda decisión”[14].

Propuesta de socios para la SMSM de Valparaíso, en la reunión del 16 de febrero de 1894. En su Libro de Actas de Reuniones generales desde la Inauguración de la Sociedad un 5 de diciembre de 1983 hasta el 25 de enero de 1904.

Propuesta de socios para la SMSM de Valparaíso, en la reunión del 16 de febrero de 1894. En su Libro de Actas de Reuniones generales desde la Inauguración de la Sociedad un 5 de diciembre de 1983 hasta el 25 de enero de 1904.

Sin embargo, esta segunda decisión no ocurrió, por lo que ni la señora Carolina Zúñiga de Vergara ni ninguna otra mujer, fueron incorporadas a la Sociedad Musical de Socorros Mutuos de Valparaíso como socias. Si bien este tipo de exclusiones para la mujer eran parte de la tónica de la sociedad de la época, no era algo generalizado en las organizaciones mutualistas. A estas alturas otras organizaciones de socorros mutuos ya contaban con mujeres entre sus miembros, especialmente después de la fundación de sociedades mutualistas de costureras en Valparaíso, Iquique y Santiago durante la década anterior[15]. Con estas organizaciones se daba pie a una nueva fase del mutualismo chileno, al tiempo que los trabajadores comenzaban a tener una mejor disposición respecto a la participación de mujeres en las organizaciones populares. Como muestra la siguiente imagen, mujeres y hombres luchaban a la par por sus reivindicaciones sociales.

Gremio de sastres y costureras en la fiesta del trabajo. Revista Zig-Zag, Santiago-Valparaíso, 5 de mayo de 1906. Fuente: http://www.ascv.cl/gremio-de-sastres-y-costureras/

Gremio de sastres y costureras en la fiesta del trabajo. Revista Zig-Zag, Santiago-Valparaíso, 5 de mayo de 1906. Fuente: http://www.ascv.cl/gremio-de-sastres-y-costureras/

En las actas de la SMSM de Valparaíso no se registran mayores explicaciones ni antecedentes que los recién expuestos sobre el rechazo de incorporación de la primera y única mujer propuesta como socia, siendo que otras organizaciones de características similares sí contaban con mujeres entre sus miembros. Podemos hipotetizar que el oficio de la música tuvo algo que ver con eso.

Tradicionalmente se ha considerado la música como un oficio de hombres más que de mujeres, sin perjuicio de que efectivamente haya mujeres músicas. En esta época, la distinción entre la música como oficio (como fuente de ingresos) y la música como entretenimiento doméstico era radical, especialmente para los sectores altos de la sociedad, y en mayor medida para las mujeres. Esto no quiere decir que no haya habido mujeres de sectores populares que se desempeñaran en la música, por el contrario. El mismo caso referido en las actas de la SMSM de Valparaíso da cuenta de ello, aunque lamentablemente no tenemos mayores antecedentes de la señora Carolina Zúñiga de Vergara, ella al querer ingresar a una organización de ayuda mutua de carácter popular, lo más seguro es que sí trabajara en el oficio de la música.

Lo que queremos enfatizar aquí es el valor simbólico que esto tenía en la sociedad chilena de la época, y especialmente a ojos de los músicos varones que no permitieron su entrada a la Sociedad. Por una parte, desde los sectores más conservadores se ha considerado el trabajo de las mujeres dentro del espacio doméstico. En este sentido, la música desarrollada al interior del hogar para animar tertulias y bailes al tiempo que demostrar las dotes (supuestamente) femeninas de una mujer; era considerada un pasatiempo más que un oficio. Las mujeres que interpretaban música en este contexto no eran trabajadoras y no requerían participar de una organización de ayuda mutua. La música que se desarrollaba en el espacio doméstico y familiar, no llevaba consigo ninguna retribución económica directa.

Por otra parte, al estar la música estrechamente relacionada al entretenimiento y otras actividades lujuriosas, las mujeres imbuidas en aquel ambiente –fueran o no trabajadoras− eran bastante mal vistas. Los valores asociados al rol de la mujer en el espacio doméstico, junto con los prejuicios respecto a la música como arte del entretenimiento desarrollado en el espacio público, dejarían a las trabajadoras del sector musical excluidas de las organizaciones de trabajadores populares como la SMSM de Valparaíso.

Durante todo el primer año de funcionamiento de la SMSM de Valparaíso no sólo no se presentaron otras mujeres como posibles socias a la organización, sino que tampoco ninguno de los asociados solicitó que se volviera a discutir este tema. En este sentido, el intento del señor Cesari por incorporar a una mujer como una socia más de la organización, no sólo quedó truncado, sino que también figura como un precedente importante en la historia de la SMSM de Valparaíso. Luego de ese rechazo solapado se subentenderá la prohibición de la entrada de mujeres a la organización como una decisión no registrada en los libros de actas de la SMSM de Valparaíso, a la que se someten los socios sin volver a proponer a una mujer como socia, ni tampoco volver a discutir esta posibilidad.

Las mujeres que son mencionadas en los registros de la organización corresponden a las conyugues o hijas de los asociados, especialmente de aquellos fallecidos. En este sentido, las mujeres figurarán como beneficiarias directas de la institución y no como trabajadoras partícipes y creadoras de la organización social. En este sentido, su presencia se justificaba como la “viuda de”, validándola con el apellido del socio enfermo o difunto.

b. Segundo conflicto: tradiciones versus necesidades económicas

Los siguientes hombres que se presentaron a la SMSM de Valparaíso fueron aceptados en su mayoría, muchos de ellos por unanimidad, básicamente porque no presentaban mayores discrepancias a lo establecido en los estatutos. Los nuevos socios incorporados en lo que quedaba del año 1894 fueron: Osvaldo López presentado por el señor presidente Pedro Cesari; Marcos Siovac y Juan B. González, presentados por el secretario Ricardo López Mellafe; Ramón Mondaca y Geraldo Guerrero, presentados por señor Manuel Núñez; Eulogio Días, Juan Nicanor Guzmán, José Manuel Camagñano, Julio Morales e Hilario Fontealba, propuestos por el tesorero Evaristo Gómez.

Respecto a este último, en la Junta General celebrada el 25 de abril de 1894 se presentó una nueva situación conflictiva que puso en juego, por una parte, las necesidades económicas de la organización y, por otra, el respeto por parte de los actuales socios de las decisiones fundacionales de la sociedad. El señor Hilario Fontealba solicitó ser admitido como socio fundador de la SMSM de Valparaíso, comprometiéndose a pagar todas las cuotas que le corresponderían si realmente se hubiera incorporado dentro de la fecha en que lo hicieron los demás socios fundadores.

Considerando que los socios fundadores de la SMSM de Valparaíso eran, hasta ese momento, aquellos cuarenta músicos que se reunieron un 5 de diciembre de 1893 para dar vida a esta organización social, resultaba al menos polémica esta solicitud. Sin embargo, luego de una larga discusión, los socios reunidos resolvieron lo siguiente:

“Considerando que, por lo pronto, no hai una lei terminante que impida aceptar la proposición y que la mayor entrada que se proporciona la sociedad con el pago que intentaba hacer el nuevo socio compensan el tiempo que debe durar el noviciado, se aceptó la proposición, considerándose, en consecuencia, al socio indicado en el carácter de fundador previo al pago de las cuotas correspondientes a todo el tiempo anterior a su ingreso a la sociedad”[16].

No obstante, en la siguiente reunión, los socios reconsideraron la decisión tomada acerca de la calidad de socio fundador del señor Fontealba. Fue el secretario Ricardo López Mellafe quien solicitó poner en discusión el acuerdo tomado en la sesión anterior. Los socios realizaron una votación para decir si dar o no la calidad de fundador al nuevo socio. El resultado de la votación arrojó 18 votos por la reconsideración y 4 por la negativa, quedando el socio Fontalba como activo pero sin la calidad de fundador que se le había dado[17].

Es importante reconocer que al hacer esta reconsideración, los socios priorizaron por el respeto a la reciente tradición de la organización, poniendo los acuerdos tomados en la reunión fundacional por sobre las posibles soluciones económicas que este cambio de criterio pudiera brindarle a la organización.

c. Tercer conflicto: edad productiva del trabajador

Otra solicitud que puso a los socios a prueba, en relación al respeto por los estatutos que regían la sociedad, ocurrió en la reunión del 20 de junio de 1894, cuando uno de los directores de la SMSM de Valparaíso, Fernando Herrera, presentó al señor Miguel Filomeno. Este acontecimiento quedó registrado en las actas manuscritas de la SMSM con las siguientes palabras:

“(…) pero se observó que dicho señor excede en mucho de la mayor edad que los Estatutos prescriben para la admisión de un socio. Sin embargo, la Sala lamenta tener que desechar al señor Filomeno prefiere en todo caso respetar la lei social”.[18]

La prescripción a la que se hacía referencia correspondía al artículo quinto de los estatutos que establecía que para ser socio activo se debía ser mayor de 15 años y menor de 50[19]. Frente a esta situación, los socios realizaron una votación para resolver la solicitud del señor Filomeno. La votación reflejó el respeto unánime a la ley interna de la organización, rechazando la membresía del postulante.

Esta situación vista con perspectiva histórica da cuenta tanto de la distribución etaria de la sociedad de fines del siglo XIX, así como de la edad productiva de los trabajadores chilenos en esos años. En la actualidad nos resulta irrisorio que una persona mayor de 50 años sea considerada “vieja”, sin capacidad de trabajar, puesto que hoy la edad de jubilación sobrepasa los 60 años. Sin embargo, en esa época la edad productiva de los trabajadores era otra, al igual que las proyecciones de vida. La mortalidad de la población era alta a edad temprana en aquellos años, tanto por la falta de desarrollos tecnológicos en la medicina (por lo cual una persona podía morir a causa de enfermedades que al día de hoy son sencillamente curables), como por las precarias condiciones de vida, especialmente en los sectores populares.

Hemos visto que para los socios era fundamental cuidar los recursos de la organización. De manera similar a las restricciones de membresía a personas enfermas, es necesario comprender la negativa al señor Filomeno desde una perspectiva económica. La restricción de edad definida en los estatutos, da cuenta también de la sociedad de época, en que ser mayor de 15 años era ser adulto y proveer con ingresos económicos al hogar. Considerando que en esa época no se consideraba a la juventud como un grupo social particular, y además, las necesidades económicas de las familias más desfavorecidas, hacían que hombres y mujeres comenzaran a trabajar desde temprana edad para aportar con ingresos a sus hogares, no es extraño que la SMSM de Valparaíso definiera los 15 años la edad mínima para ingresar a la organización.

El primer año de una organización de mutual de  músicos:

Al revisar los requisitos estipulados en los estatutos de la SMSM de Valparaíso, hemos visto que esta organización de trabajadores era de carácter corporativo, pues aunque estaba abierta a aficionados y otros trabajadores “en el arte de la música”[20], estaba enfocada solamente a los trabajadores de la música y sus colaboradores. Hemos dado cuenta también de los nombres de los socios que formaron parte de la organización durante su primer año de funcionamiento. La gran mayoría de ellos fueron aceptados sin mayores discusiones y se integraron rápidamente formando parte de comisiones y realizando actividades para el bien común de la SMSM de Valparaíso.

Sin embargo, también vimos que hubo quienes no fueron aceptados dentro de la Sociedad. Revisar estos acontecimientos y reflexionar sobre las discusiones que se desarrollaron al respecto, nos permite mirar la sociedad chilena de fines del siglo XIX, conocer las paradojas al interior de las organizaciones de los trabajadores urbanos, y especialmente, dar cuenta de las contradicciones y exclusiones que se daban en el oficio musical, especialmente respecto a las mujeres y adultos mayores.

A partir de estas reflexiones podemos plantear que varios aspectos la SMSM de Valparaíso fue una organización cuyo funcionamiento se asemejó bastante a otras sociedades mutualistas de la época, rigiéndose por el mismo tipo de estatutos, como por ejemplo, el no permitir la discusión política al interior de la organización[21]. Asimismo, esta organización, al menos en este primer año de funcionamiento, no hizo modificaciones a los estatutos, y los socios aceptaron todas las reglamentaciones a pesar de que algunas ellas pudieran contravenir ciertas mejoras económicas inmediatas. Esto da cuenta del respeto por los valores internos de la organización, de la ayuda mutua y la fraternidad por encima de cualquier deseo económico. Si las leyes internas fueron discutidas y aprobadas por los propios socios de la organización, lo mínimo que podían hacer era respetarlas al costo que fuera. Respetar los estatutos era útil para asegurar la continuidad de la organización.

Sin embargo, la exclusión de las mujeres en los últimos años del siglo XIX, era más bien una actitud conservadora para la época, considerando que varias organizaciones de trabajadores integrabana a mujeres en sus filas, organizaciones exclusivas de mujeres como otras mixtas. Ciertamente no era la mayoría de las organizaciones las que contaban con mujeres, pero sí fue una tendencia que fue poco a poco abriendo el camino a la coordinación de la organización popular.

No obstante, la sociedad fue creciendo a lo largo su primer año de funcionamiento, tanto en número de socios como en cantidad de actividades y compromisos sociales en Valparaíso. Rápidamente establecieron relaciones con otras organizaciones de la región, e incorporaron nuevos miembros, como sucedió en el caso referido de los músicos del Orfeón Municipal de Valparaíso. También vimos que no se trató sólo de un crecimiento cuantitativo, sino que también cualitativo, en el que los asociados no sólo trabajaron voluntariamente en pos de la organización, sino que también respetaron las decisiones internas y el trato mutuo, siguiendo el modelo de las sociedades de socorro mutuo que hace varios años tomaban liderazgo en Chile.

Escrito por Eileen Karmy, Noviembre 2015. Actualizada en Agosto 2018.

Proyecto Memoria Musical de Valparaíso


[1] Artículo 1° De la Sociedad En General, Estatutos de la Sociedad Musical de Socorros Mutuos. Reuniones generales desde la Inauguración de la Sociedad un 5 de diciembre de 1983 hasta el 25 de enero de 1904, 2/02/1894 (V) p. 2
[2] Artículo 34° Del Gobierno de la Sociedad y de las elecciones. Op. Cit. 25 /04 / 1894 (XI), p. 5.
[3] Artículo 4° De los Socios en General. Op. Cit. 2/ 02/ 1894 (V), p. 2.
[4] Artículo 5° Op. Cit. 02 /02/1894 (V), pp. 2 y 3.
[5] Op. Cit. 7/01/1894 (III), p. 1.
[6] Artículo 5° Op. Cit. 02 /02/1894 (V), pp. 2 y 3.
[7] Artículo 6°. Op. Cit. 02 /02/1894 (V), p. 3.
[8] Artículo 7°. Op. Cit. 02 /02/1894 (V), p. 3.
[9] Artículo 8°. Op. Cit. 02 /02/1894 (V), p. 3.
[10] Artículo 9°. Op. Cit. 02 /02/1894 (V), p. 4.
[11] Artículo 10°. Op. Cit. 02 /02/1894 (V), p. 4.
[12] Op. Cit. 5 /12/ 1893 (III), p. 2.
[13] Op. Cit. 9 /02/1894 (VI), p. 2.
[14] Op. Cit. 16/02/1894 (VII), p. 2.
[15] Ejemplo de ello encontramos la Sociedad de Obreras, fundada en noviembre de 1887 en Valparaíso, la Sociedad de Socorros Mutuos “Igualdad Obrera”, también fundada en Valparaíso en noviembre de 1890, y la Sociedad de Obreras de Iquique, fundada en mayo de 1890. (Grez, Sergio. 2007. De la “regeneración del pueblo” a la huelga general (1810-1890). RIL: Santiago. Pp. 611 y 615).
[16] Op. Cit. 25/04/1894 (XI), pp. 2 y 3.
[17] Op. Cit. 9/05/1894 (XII), p. 1.
[18] Op. Cit. 20/06/1894. (XIII), p. 1.
[19] Artículo 5° De los Socios en General. Op. Cit. 2/02/1894 (V), pp. 2 y 3.
[20] Artículo 1° De la Sociedad En General. Op. Cit. 2 /02/ 1894 (V) p. 2.
[21] Artículo 2°. Op. Cit. 02/02/ 1894 (V) p. 2.


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