Reseñas

Luis Saravia (1938-2012) Pianista de tango, jazz y tropical

By febrero 8, 2018 No Comments

En las actividades que se realizaron para el encuentro mundial de tango celebrado en Valparaíso en enero del 2007, se conformó una orquesta local integrada por músicos de tradición tanguera en la ciudad y otros sin ninguna relación anterior con el tango. El músico encargado de conformar dicha orquesta fue Luis Saravia, pianista reconocido en el puerto por su trayectoria musical y su participación en agrupaciones que alcanzaron renombre en los años pasados.

Nacido en 1938, Saravia de muy niño se familiarizó con la música en la Academia de piano de Valparaíso, ubicada en la Avenida Pedro Montt 2061 en la cual su madre estaba a cargo de la cocina. En esta Academia, tomó sus primeras lecciones de piano. El estudio sistemático lo inició con el maestro Carlos Botto y posteriormente migró a la ciudad de Viña del Mar para estudiar en la Escuela de Bellas Artes. Ahí retomó sus clases con Cristina Herreros, una mujer de 22 años con quien Saravia estudió desde los 7 a los 10 años de edad. Luego se trasladó a Santiago para integrarse al Liceo de los Salesianos, donde el interés de los religiosos era que Saravia se dedicara a ser organista en la iglesia, cosa que no fue posible por las dimensiones del instrumento y la baja estatura del instrumentista.

Luis Saravia en su casa de Viña del Mar. Febrero, 2007

Luis Saravia en su casa de Viña del Mar. Febrero, 2007

Su paso por el Conservatorio, por la Escuela Experimental Artística y los estudios particulares con el profesor Alberto Spikin, permitieron el desarrollo musical de Luis Saravia, quien ingresó al Liceo Experimental de Santiago, que fun¬cionaba como internado. Aquí estudió piano hasta la edad de 14 años. Como él relata, la distancia entre Santiago y Valparaíso dificultaron su estadía en dicho liceo, a lo que se sumó una compleja situación económica que hizo insostenible su permanencia en la capital:

“La situación con mi mamá quedó mucho peor, aparecieron dos hermanos más, mi mamá no daba más abasto, se estaba poniendo más vieja, yo pasaba solo, ella no podía ir a verme, ni yo podía venir para acá, entonces… volví a Valparaíso. En Santiago estuve dos o tres años, no estuve mucho… llegué aquí de 14 años. Pero afortunadamente la mamá se refugió en la casa de los abuelos… yo ya tocaba entonces, podía tocar música clásica donde fuera, me podía dar vuelta por mí mismo”.

Luis Saravia plantea que no era bien visto entre sus profesores ejecutar música popular, no obstante decidió incursionar en esta práctica que le permitiría desempeñarse como músico profesional. Su dedicación completa al rubro de la música lo llevó a asumir la dirección de varios conjuntos y contratar músicos para los compromisos adquiridos tanto en Viña del Mar como en Valparaíso. Esto le permitió ser uno de los pocos músicos tangueros que pudo dedicarse por completo a la música como fuente laboral. Esta decisión fue gatillada por su experiencia como pianista, donde tomó contacto con músicos dedicados a la ejecución del jazz, del tango y de la música tropical, insertándose desde muy joven en el trabajo como músico estable en distintos locales de música en vivo de gran concurrencia. El hecho de ser menor de edad resultó al comienzo un problema que lo limitó para trabajar en locales nocturnos, no obstante, esto no impidió que entrase en contacto con mú¬sicos con los que iniciaría la etapa de aprendizaje de los estilos populares de la época:

“Yo me acuerdo que se llamaba Castillito el otro pianista una vez me dijo: ‘¿por qué no te tocas una cosita, un cuartito de hora con la típica?’. Entonces, empecé a agarrarle el gustito. Después fui viendo cómo tenía que ir tocando, por debajo yo podía hacer los acordes por arriba también, entonces ahí capte cómo era la orquesta típica… hasta ese momento no había mucha afición al tango, para nada, sabía de las típicas, las escuchaba todo lo que quería, pero no tenía ningún contacto, tenía lo del conservatorio… Y después de eso ya empecé a ganar plata, entonces así empecé a llegar con ayuda para mi mamá”.

El estudio sistemático del piano fue remplazado por el nuevo trabajo de músico permanente bajo el influjo de los ritmos de moda. Luis Saravia con sólo 15 años de edad se incorporó a la orquesta de Pancho Salinas, conformada por dos bandoneones, dos violines, contrabajo, piano y tres cantantes. Al mismo tiempo comenzó su participación como pianista en la orquesta tropical, compuesta por un total de doce músicos, la hoy reconocida Orquesta Huambaly. Con esta orquesta llegó a tocar al Casino Municipal de Viña del Mar y tuvo la posibilidad de realizar viajes fuera de Chile.

La buena lectura a primera vista le permitía a Saravia hacerse cargo de los pasajes complicados para los bandoneones, que gene¬ralmente se focalizan en las variaciones finales que se articulan como cierre en los tangos tradicionales, donde se hace una re-exposición elaborada de la primera parte. Esto le aseguraba su participación en la orquesta con las cuales generaba importantes ingresos. Sin embargo, su participación en la orquesta tropical lo entusiasmaba más que el trabajo con la orquesta típica. Fue en este periodo cuando conoció al violinista y director argentino Antonio Rodio:

“Este señor tenía la orquesta con Alfredo Faba, un bandoneonista que tocaba abriendo y cerrando [el bandoneón], tocata y fuga de Bach […] entonces alguien le pasó el dato de que en tal negocio yo tocaba clásico, toca tango y toca tropical […] Me llevó a su casa y me dijo: ‘siéntate, toca algo de clásico, toca un poquito de la marcha turca’, y cositas chiquitas… después me pidió un tango, pero yo abría la mano, entonces eso le im¬presionó, porque todos los músicos tocan ahí nomás [al centro del teclado] Entonces me dijo: ‘quiero proponerte algo, yo te llevaría al Casino de Viña del Mar’”.

El trabajo con Rodio en el Casino Municipal de Viña del Mar le significó a Saravia un aprendizaje importante, que le generó grandes aportes tanto en lo musical como en lo económico. De este tiempo, Saravia recuerdan que su entusiasmo lo llevó a conocer la bohemia. Contrajo matrimonio antes de cumplir la mayoría de edad y sus momentos de esparcimiento estaban muchas veces marcados por excesos que con los años reconoce como actos de inmadurez. Aun así, su admiración por los músicos con los que trabajaba, le permitió consolidar y pro¬yectar su oficio de músico popular.

Antonio Rodio y su orquesta del Casino de Viña del Mar, 1958. De izquierda a derecha: Mario Córdova, cantante; Luis Saravia, pianista; Antonio Rodio, violín; Felipe Quintano, contrabajo; Alfredo Faba, bandoneón.

Antonio Rodio y su orquesta del Casino de Viña del Mar, 1958. De izquierda a derecha: Mario Córdova, cantante; Luis Saravia, pianista; Antonio Rodio, violín; Felipe Quintano, contrabajo; Alfredo Faba, bandoneón.

En 1962 se instaló en el Casino Municipal de Viña del Mar durante un largo periodo, consolidando así un aprendizaje más acabado respecto de los estilos de música popular vigentes en ese entonces. En este trabajo, Saravia tuvo la posibilidad de realizar viajes fuera de Chile, lo que le permitió tomar contacto con otros músicos pertenecientes al ambiente tanguero argentino, de los cuales fue también conociendo y decodificando parte de ese lenguaje musical. Algunos de estos músicos posteriormente conformarían junto a Saravia, conjuntos musicales en torno al tango. Sobre esto recuerda:

“Bueno yo tenía a Mauricio Schulman [bandoneonista], ya no contaba con Rodio ni con Faba, porque ellos ya desaparecieron, se fueron. Faba se fue a México, Antonio también falleció acá… pero tenía montón de amigos argentinos que yo sabía que eran tangueros. Entonces me armé una típica buena. De ahí, salió el trío de tango con Schulman y Donnaruma […] Ahí estábamos con tangos en el [Canal] 4, tenía cinco cantantes. El primer cantante que se atrevió a venir de Santiago para acá fue Carlos Vásquez, después tenía a Mario Córdoba, otro argentino que llegó aquí hace muchos años, con quien yo había trabajado en el Casino cuando yo entré al Casino con Rodio, él estaba de can¬tante. Tercer cantante, un chileno, hermano del humorista Jorge Pedreros, Luis Hernán Pedreros. Otro que apareció de repente, fue Fabián Rey que era un problema, estaba grabando y llegaban a tomarlo preso, por drogas, estafas, puros líos, yo mismo partía a veces en un vehículo a sacarlo de la cana hasta nuevo aviso.”

Luis Saravia es también uno de los pocos que realizó grabaciones de tangos en Valparaíso, en un contexto en que prácticamente no existen registros de tangos grabados por músicos del puerto. De la proliferación de discos de vinilo que circulan en ferias libres o casas de antigüedades, sólo es posible encontrar discos de conjuntos conformados por músicos tanto de Santiago como Valparaíso, siendo los cantantes los que se repiten en reiteradas oportunidades en cada producción. Una excepción a esta tendencia es el disco Tangos en el Puerto (DICAP 1972).

Tangos en el Puerto, Dicap 1974

Tangos en el Puerto, Dicap 1972.

Anuncio de la orquesta de Antonio Rodio, junto a la Orquesta Huambaly, donde Saravia participaba también como pianista. La Estrella de Valparaíso, 1958.

Anuncio de la orquesta de Antonio Rodio, junto a la Orquesta Huambaly, donde Saravia participaba también como pianista. La Estrella de Valparaíso, 1958.

Diversos estilos del tango fueron referentes importantes para los músicos porteños, estableciendo una práctica bajo el influjo del sonido que se asume como de gusto popular en la ciudad. Sin embargo, Luis Saravia es crítico respecto a los estilos predominantes en Valparaíso y las nuevas corrientes estéticas en Argentina:

“El primer músico a quien empecé a admirar fue Horacio Salgán, así como por ejemplo en la tropical, yo siempre me buscaba a los pianistas jazzistas buenos como Chick Corea, por ejemplo, me gustaba mucho Omar Maderna, era más clásico tanguero. Pero había algunos que tocaban pésimo… Alfredo de Ángelis, pero había otros peores, el manos brujas, Rodolfo Biaggi, tenía un estilo asqueroso”.

Una de las orquestas conformadas por Saravia fue la que se organizó para un programa transmitido en el Canal 4 de la región de Valparaíso. Dicha orquesta, conformada por músicos chilenos y argentinos, tuvo una actividad musical activa hasta 1975, donde según Saravia alcanzó gran desarrollo instrumental. Para Saravia, una de las falencias importantes en el trabajo de las orquestas locales existentes en Valparaíso estaba dado por el hecho de que la mayoría de los músicos cumplían un doble oficio, que en sus palabras define como “instrumentistas, pero no eran músicos”. Esta situación, según Saravia, mermaba la calidad y las posibilidades musicales de las mismas orquestas. Creemos, sin embargo, y desde la perspectiva de una música inserta en el ambiente cultural en la ciudad, con los músicos posicionados como actores sociales, es más bien un valor agregado que posibilita en gran medida la conformación de dichas orquestas, dando paso a su inserción y circulación en el panorama local.

No se trata de eximios músicos de tango, sino que de actores sociales relevantes para establecer un pasado tanguero entre la ciudad y sus habitantes, por sobre el influjo de la industria e instalado en la organización colectiva que transitan desde los centros obreros hacia los escenarios que se hacen populares entre los cerros de Valparaíso. Es un ir y venir, donde convergen intereses comerciales, políticos, culturales y económicos. En este caso, la experiencia musical de Saravia y su juicio sobre la calidad de los músicos y el funcionamiento de las orquestas en la ciudad se ubica desde fuera de los circuitos gremiales que agrupan a una parte de los músicos con doble oficio. Por lo mismo, su visión está hecha desde la forma en que ha construido y desarrollado su trabajo como músico, lo que evidencia intereses distintos e interpretaciones que difieren de las experiencias de otros músicos de tango.

Orquesta típica Lucho Saravia. En los bandoneones, de izquierda a derecha: Aníbal Sánchez, Héctor Gorla y Jorge Orellana. Julio, 1973. Archivo personal de Luis Saravia

Orquesta típica Lucho Saravia. En los bandoneones, de izquierda a derecha: Aníbal Sánchez, Héctor Gorla y Jorge Orellana. Julio, 1973. Archivo personal de Luis Saravia.

Hasta 1973 Luis Saravia recuerda un panorama cultural tanguero en la ciudad, materializado en la distintas tanguerías que estaban distribuidas en la ciudad y que cerraron sus puertas abruptamente iniciada la dictadura cívico militar, encabezada por Pinochet. Algunas de ellas lograron permanecer medianamente activas bajo la regulación del toque de queda, que –más la crisis económica de comienzos de los años ochenta–, acabaría con el resto de actividad en torno al tango.

Una de las últimas orquestas típicas formadas por el pianista Luis Saravia. Junto al cantante Alberto Méndez, está el bajista Osvaldo Vargas fallecido en el 2009, el bandoneonista Aníbal Sánchez y el violinista Víctor Gallardo. Imagen del documental Tierra de sonidos. Documental para televisión. Productora trinacrio.

Una de las últimas orquestas típicas formadas por el pianista Luis Saravia. Junto al cantante Alberto Méndez, el bajista Osvaldo Vargas, el bandoneonista Aníbal Sánchez y el violinista Víctor Gallardo. Imagen del documental para TV, Tierra de sonidos.

Una vez iniciada la recuperación de los espacios públicos por parte de las políticas gubernamentales, desde 1990, en Valparaíso se desarrollan iniciativas vinculadas al tango y se recurre a músicos como Luis Saravia, para dar paso a una actividad en torno a esta música, pero bajo condiciones que no inciden en un reconocimiento a estos músicos y su valor patrimonial asentado en la ciudad. Al parecer, no es de interés gubernamental potenciar este vínculo con los viejos músicos del tango en la ciudad. Lo que interesa y prima es una relación contractual, acotada y caducable desde el municipio hacia estos músicos. Este conflicto instalado e ignorado desde las políticas culturales sólo agudiza la condición de cul¬tura vacía en una ciudad que se jacta de ser un centro cultural y patrimonial dentro de la región del cual los sujetos en lo concreto y desde esa perspectiva, no forman parte. Hoy en día sólo subsisten pequeños locales de baile, sitios intramuros organizados por personas amantes del tango, esta vez sin la participación de orquestas en vivo, aunque, en reemplazo, con la circulación de los tangos de colección compactados en casetes.

 

Esta reseña biográfica es un extracto editado del libro Tango Viajero: orquestas típicas en Valparaíso (1950-1973) escrito por Cristian Molina y Eileen Karmy (Mago Editores y Fondart Regional de Valparaíso): Santiago de Chile 2012, páginas 142-154.

Todas las citas entre comillas corresponden a Luis Saravia, entrevistado por Crsitian Molina en Agosto de 2007, en Viña del Mar.

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