Reseñas

Víctor Gallardo: Entre tangos y trenes, el doble oficio del músico.

By marzo 20, 2017 No Comments

Proponer una mirada retrospectiva del tango en el puerto sugie­re cruzar un diálogo con personajes y hechos concretos, voces y documentos que van dando luces de una actividad cultural que se ha ido fijando en los rincones de la memoria de los hoy viejos músicos, constituyendo fragmentos que se hace necesario incorporar y posicionar como parte de la historia cultural por­teña, la que a su vez forma parte del patrimonio cultural local, pero desde quienes conformaron la escena musical con sonido de tango en la ciudad. Mirar este panorama cultural desde los viejos músicos, permite incorporar las voces de quienes armoni­zaron desde su oficio, los sonidos que fueron característicos de la ciudad. Nombres desconocidos e invisibilizados por el discur­so predominante de la oficialidad cultural local que no es capaz de promover un tango de la mano de los que en concreto son quienes constituyen el patrimonio vivo de la ciudad y que, por consiguiente, la existencia de estos músicos es hoy en día desco­nocida por la comunidad. El máximo ejemplo de ello, resulta ser el festival Valparatango[1], evento que se enmarca en las activi­dades culturales del municipio y que busca posicionar al tango como una expresión arraigada en el puerto, donde se privilegia un artificio en función de esta música sin una vinculación con las orquestas que nacieron y trabajaron en estos mismos espacios, recurriendo a un discurso cargado de los grandes relatos sobre el tango, pasando de esta forma, a engrosar la lista de relatos miti­ficados que de esta ciudad se tienen. En este panorama, algunos de estos músicos anónimos tratan de incorporarse a este intento de reposicionar una práctica cultural casi en desuso en el puerto, buscando un lugar en las actividades que de tanto en tanto se aparecen en la ciudad, desde donde se pretende revivir un pasado cultural que aún no se ha mirado con detención.

Surgen entonces nombres como el de Víctor Gallardo, co­nocido como «Gatito» por los músicos del puerto, violinista que hoy trata de mantener su oficio en el mermado escenario local. Nace en 1932 y a la edad de 8 años inicia estudios de violín en Ovalle. Llega a Valparaíso a los 16 años para tomar cursos técnicos que se impartían en la Universidad Católica de Valparaíso. Habiendo cumplido los 24 años, comienza su tra­bajo en Empresa de Ferrocarriles incorporándose también a la participación de las orquestas típicas junto a compañeros de tra­bajo, actividad que anteriormente había iniciado con amigos del barrio ubicado en el Cerro Barón.

Iniciada la dictadura militar en 1973, Víctor Gallardo parte a Bolivia en 1975, y no regresa hasta 1991. Por lo mismo, él distingue dos momentos del tango en el puerto. La primera, anterior a su par­tida, vinculada a una conformación de conjuntos pequeños, tríos de guitarras o cuartetos que incursionaban en el tango, algunos organizados por el maestro Jonathan Guerra, bandoneonista chileno que promovía la formación de músicos en Valparaíso y con quien la mayoría de los nuevos músicos tomarían contacto para iniciar un acercamiento formal al oficio tanguero. A esto se sumará la llegada de músicos trasandinos que potencian di­chas agrupaciones y amplían el número de integrantes, además de definir un sonido más acabado en lo que respecta al tango tradicional. Esto consolidará la aparición de las orquestas típicas locales como Los Porteños del Tango y la surgida en la empresa de ferrocarriles: La Orquesta Ferroviarios.

Víctor Gallardo. Valparaíso, 2007.

Víctor Gallardo. Valparaíso, 2007.

Tenemos entonces un fenómeno musical de moda integrado a la actividad social y cultural de las cuales sus integrantes for­man parte. Una activa participación social y cultural, permite en el caso de Víctor Gallardo una mirada consciente del panorama social en el cual se inserta parte del trabajo musical de las or­questas. En otros músicos en cambio, la participación se remite fundamentalmente al momento de popularidad mediática que presenta el tango a fines de la década del cincuenta en el medio local, sin pretender participación directa en gremios o centros de organización social. Con esta combinación de música de moda y participación colectiva, el Sindicato de Músicos organiza las actividades incorporando miembros al gremio y promoviendo una participación social activa:

“Bueno, ahí fue cuando salió el Sindicato de Músicos, me fui a inscribir y preguntan «¿qué tocas?», me hicieron hacer una prueba, entonces figuro como violín A, porque tenían los A, los B los C, y el Sindicato en esa época todos los 22 de noviembre hacíamos un tremendo paseo, cinco o seis micros llenas de mú­sicos, se adquirió un mausoleo en el Cementerio 3, hay varios colegas ahí, se compraron un montón de cosas que ya están ob­soletas… Fue una época en que aparecieron los ayudistas. Aquí todos los negocios grandes, los dueños de negocios, aportaban para el sindicato, eran ayudistas, entonces el sindicato empe­zó a darle ciertas concesiones a los ayudistas, no les cobraban los mismo que se cobraban en los eventos, se trabajaban con eventos al aire libre, en el teatro Imperio, en el Victoria, en el Municipal, en el teatro Cine Arte, que todavía está en Viña, en la plaza. Así, el sindicato empezó a crecer, se consiguió la per­sonalidad jurídica, todavía la tenemos. En Viña, toda la gente se sindicó con nosotros, todavía no existía la separación que hay ahora de Viña y Valparaíso”.

La segunda mirada de Gallardo sobre el tango porteño es la que visualiza a su regre­so en 1991, donde encuentra un panorama musical que trata de articularse en el nuevo contexto, con participación de músicos trasandinos quienes una vez iniciada la dictadura de Videla en Argentina llegaron a Valparaíso permaneciendo y sorteando las dificultades en el represivo panorama cultural de Chile.

Los sindicatos y gremios asociados fueron un aliciente para la proliferación de un quehacer cultural de los músicos de tango, lo que implicó una vinculación al contexto político y social en la que se ven interpelados como actores sociales. En algunos casos la participación sindical es doble, es decir, están adheridos tanto al sindicato de músicos y artistas, como a las correspondientes a sus fábricas y lugares de trabajo.

Es necesario recordar que el tango en nuestro país no ha sido una música que refleje o haga una interpelación crítica a con­flictos políticos, ni haga alusión a hechos de contingencia social. Por lo menos lo que circula y predomina desde la industria cul­tural, no da cuenta de tangos con crítica social explícita. La retó­rica sentimental sigue siendo el leitmotiv argumentativo donde el tango es del gusto de las más diversas clases sociales.

Orquesta Ferroviarios. De izquierda a derecha: Jorge Orellana bandoneón; Carlos Ramírez, Víctor Gallardo y Jorge Ibáñez, violines; Enrique Jiménez, bandoneón; Luis Cuadra, guitarra y cantor. Al fondo en el extremo superior se observa la insignia de la Federación Santiago Watt, fundada en 1889 y que agrupa a la organización sindical de maquinistas, fogoneros y aspirantes de Ferrocarriles de Chile

Orquesta Ferroviarios. De izquierda a derecha: Jorge Orellana bandoneón; Carlos Ramírez, Víctor Gallardo y Jorge Ibáñez, violines; Enrique Jiménez, bandoneón; Luis Cuadra, guitarra y cantor. Al fondo en el extremo superior se observa la insignia de la Federación Santiago Watt, fundada en 1889 y que agrupa a la organización sindical de maquinistas, fogoneros y aspirantes de Ferrocarriles de Chile.

Entonces la relación del tango con organizaciones sociales a las que se alude no está dada por una cuestión ideológica. La partici­pación de algunos músicos de tango en sindicatos, está dada más bien por convicciones asociadas a un interés mayor, donde el tango es una de las varias expresiones musicales que conforman un vínculo con estos gremios, con las que se busca fomentar las instancias de participación social teniendo a los sindicatos como fuerza de negociación y representación, con una organización centralizada en la idea de liderazgos que resultan funcionales para los obreros que se mancomunan en torno a una estructu­ra dirigencial. Estas mismas instancias, son capaces de propiciar una participación colectiva desde agrupaciones que realizan un trabajo político, donde expresiones artísticas o fenómenos mu­sicales de moda, como es el caso del tango, son incorporados. Por lo mismo, no se pretende extrapolar una conciencia social, lo que se pretende es mostrar que las redes de participación propiciadas por los gremios y sindicatos, son las mismas por las que transitan ciertas expresiones culturales donde el tango está presente. Sobre esto, Víctor Gallardo comenta:

“Dentro de Ferrocarriles se creó el conjunto artístico ferroviario, se corrió la voz y se armó después en Santiago y se organizó un trabajo, compartimos actividades en el tren de la cultura de la campaña de Allende. Fuimos como orquesta de tango, funcio­nó la orquesta hasta mediados de los setenta. En el tren de la cultura, fue una experiencia muy buena, éramos todos ferro­viarios, llevábamos folclore, tuvimos mucha aceptación. En la estación de Calera se hizo una despedida. Todos los lugares al que llegábamos a tocar eran dependencias de ferroviario, can­chas, casinos, sedes.”

Fuera de los locales y negocios comerciales, son varias las agru­paciones que organizan sus fiestas y bailes al ritmo del tango, como por ejemplo, las que organizaba el club deportivo CAJU del Cerro Barón, fiestas donde llegaban las orquestas trasandi­nas como la de Alfredo de Ángelis, instancia propicia para que los jóvenes músicos en formación observaran in situ el desplie­gue escénico del conjunto trasandino y desde donde se fijan las pautas de interpretación que se buscará imitar, un estilo predo­minantemente tradicional pensado para el baile. Son procesos que ocurren en forma paralela al de la participación colectiva del músico en sus sindicatos y gremios, donde son ellos mismos los que van definiendo y consolidando en definitiva una práctica concreta, pasando de la escucha y la observación, a la concre­ción de conjuntos en estrecho aprendizaje con sus pares:

Mauricio Schulman [bandoneonista argentino] fue el primero que me dijo a mí: «Gallardo, el violín tiene cuatro cuerdas y las cuatro cuerdas hay que ocuparlas», porque aquí teníamos el defecto de que a veces era un violín el que había en el grupo, y él decía, que las cuerdas que son sentimentales son las cuerdas graves, la primera es para hacer adornos, todas esos detalles no­sotros los ignorábamos, escuchábamos, lógico, tangos, discos… tengo un montón, fuimos aprendiendo, los cantores que llega­ron tenían también muy buena disposición, diciendo lo que teníamos que hacer, cómo había que acompañar. Estábamos acostumbrados a tocar todo, o sea, partíamos tocando y termi­nábamos tocando, lo que no era correcto, hay que dejarle un espacio al bandoneón, dejarle un espacio al piano”.

Noche de tangos en el desaparecido bar Café 8 y Medio. De izquierda a dere¬cha: Alberto Méndez, Rodolfo Jorquera, Geancarlo Scevola y Víctor «Gatito» Gallardo. Valparaíso. Septiembre, 2006.

Noche de tangos en el desaparecido bar Café 8 y Medio. De izquierda a derecha: Alberto Méndez, Rodolfo Jorquera, Geancarlo Scevola y Víctor «Gatito» Gallardo. Valparaíso. Septiembre, 2006.

En definitiva, político o puramente banal, el tango en Valparaíso es parte del movimiento cultural, con participación concreta de los actores sociales que, hasta 1973, mantenían una importante presencia en los escenarios distribuidos por el puerto. Escenarios que albergan a todo tipo de concurrentes; y –en este sentido–, se distinguen las actividades de encuentro de carácter político-sociales y otras de aglomeración donde «moros y cristianos» disfrutan en torno a una música que cae cómodamente al oído de los distintos sectores de la sociedad. Esta transversalidad po­lítica y social del género le permitió en alguna medida, una per­manencia tímida en Valparaíso, una vez iniciada la dictadura.

Más fotos de Víctor Gallardo en este álbum.


[1] El periodista y editor de la revista santiaguina Estampa tanguera, Jaime Adaros, escribe una columna titulada «El Val-para-che», donde realiza un critica al funcionamiento y el carácter que se le ha dado año tras año a esta actividad

Esta reseña es un extracto del libro Tango Viajero: orquestas típicas en Valparaíso (1950-1973) escrito por Cristian Molina y Eileen Karmy (Mago Editores y Fondart Regional de Valparaíso): Santiago de Chile 2012, páginas 90-97.

Todas las citas entre comillas corresponden a Víctor Gallardo, en entrevista por Cristian Molina en Abril 2008, Valparaíso.

Todas las fotos que aparecen en esta reseña fueron facilitadas por Victor Gallardo entre 2008 y 2012 a los autores.


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